KITTY

Kitty

Los juguetes sexualizados (2023)

Nuestro mundo de los años 20 es una misti-fica-ción.
Al hombre de los años veinte se le ha quitado el alma, el impulso místico hacia la búsqueda de la verdad; también el papel del artista aparece, en este contexto, del todo inútil, pueril, naíf.
No es necesaria ninguna búsqueda interior si la única elevación posible puede darse en el exterior y desde el exterior, si la verdad existe solo como suma de mistificaciones, apariencias y sucedáneos.
La relación de la humanidad con el sexo sufre el cambio social y cultural general en curso en cada esfera, el rápido paso de la vida a la ficción de la vida.
De seres vivos mutamos hacia la condición de aparentar serlo sin tener que serlo necesariamente: nos maquillamos, nos operamos, nos representamos y nos compartimos como imágenes de un ser vivo, hasta imaginar transferir, a nuestra muerte o incluso antes, nuestro ser a una máquina con nuestra apariencia.
En este cuadro, la pornografía ha sustituido a la sexualidad con el objetivo de crear un sucedáneo perfecto del acto sexual, eliminando el acto en sí, mediante la desintermediación del otro, sustituido por monitores, visores, juguetes eróticos, muñecas, robots, artilugios tecnológicos.
El contacto con otro ser humano se vive como potencialmente peligroso, contagioso; la satisfacción de nuestras pulsiones primarias debe producirse sin riesgos, consecuencias ni sentimientos de culpa, interactuando con una máquina que no tiene conciencia, no puede elegir ni sufrir ni hacernos daño.
Hacemos el amor con un títere, un autómata, un fetiche que nos construimos a gusto, eligiendo colores y dimensiones, recurriendo a las fantasías eróticas heredadas de las películas pornográficas, una máquina a la que creemos haber dotado de una inteligencia artificial mejor que la nuestra.
Inventamos constantemente un juego en el que fingimos estar junto a alguien que nos ama; sustituimos el sexo y el amor sabiendo que ya no son necesarios para procrear.
El placer del acto sexual se desplaza cada vez más de la pelvis a la cabeza; somos potencialmente capaces de poner en escena cualquier fantasía en el teatro de nuestra libido, podemos hacer el amor con el mundo entero, con las imágenes, los objetos, las flores, los muñecos.
Los juguetes sexuales, aunque muy difundidos, siguen siendo objetos ocultos, quizá entre los últimos tabúes que quedan en este ámbito; están construidos con materiales, formas y colores que recuerdan más o menos deliberadamente los juguetes de los niños, parecen salidos del país de Hello Kitty, son los juegos que usan los adultos para intentar sentir todavía algo.
La pornografía es accesible a todos y se ha convertido en el único ámbito informativo sobre el sexo para las nuevas generaciones; los menores son un nuevo mercado para la pornografía, los juguetes sexuales y la cirugía plástica.
La especie humana ya no se representa como caracterizada por ser hombres y mujeres, sino por individuos cuya identidad sexual, y su propio cuerpo en general, es un espectro de posibilidades de géneros mutables, a los que poder acercarse a gusto, mediante prácticas, terapias hormonales y operaciones quirúrgicas destinadas a hacernos aparecer como aquello que "sentimos ser".
No importa lo que somos, sino cómo queremos que los demás nos vean, nos imaginen.
En la película Toy Story de Pixar, los juguetes, en ausencia de Andy (su dueño), cobran vida, entretejiendo relaciones de amistad, amor y odio entre ellos; en la habitación de un preadolescente fluido de hoy se mezclan juguetes y juguetes sexuales, los muñecos caminan por bosques de vibradores, aparatos masajeadores, anillos fálicos, vaginas artificiales y consoladores, como astronautas en un planeta desconocido en busca del camino perdido que conduce a la identidad sexual de sus dueños.
En este paisaje he ambientado los sujetos de esta serie, como juguetes entre juguetes, a punto de darse placer mutuamente.
Hello Kitty fue creada en Tokio por la diseñadora Yuko Shimizu en 1974; el merchandising, con licencia y sin ella, factura mil millones de dólares al año, desde la papelería a los aviones, de los juguetes a la ropa, a los preservativos, al vodka, a la ropa interior, hasta los vibradores.
A un italiano que no conozca bien el alemán, "Kitty die Kätzchen" (Kitty el gatito) le suena irónicamente como "Kitty il cazzo" (Kitty la polla) o incluso, en romanesco, "Chittesencula".


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Kitty Kotta, Mejor comer que comprender - Cerámica coloreada en frío - Dimensiones 16 x 16 x 22 cmKitty Kotta, Mejor comer que comprender - Cerámica coloreada en frío - Dimensiones 16 x 16 x 22 cm
Kitty Kotta, Mejor amar que comprender - Cerámica coloreada con engobe - Dimensiones: 25 x 25 x 45 cm. ¿Vienes a la cama? - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira ZakamotoKitty Kotta, Mejor amar que comprender - Cerámica coloreada con engobe - Dimensiones: 25 x 25 x 45 cm. ¿Vienes a la cama? - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira Zakamoto
¿Vienes a la cama? - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira Zakamoto¿Vienes a la cama? - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira Zakamoto
Excursión escolar - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira ZakamotoExcursión escolar - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira Zakamoto
Kitty die Kätzchen - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira ZakamotoKitty die Kätzchen - Óleo sobre lienzo 100x100 cm. Akira Zakamoto
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen foto di preparazione
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen foto di preparazione
Kitty die Kätzchen foto di preparazione
Kitty die Kätzchen foto di preparazione
Kitty die Kätzchen foto di preparazione
Incontri ravvicinati
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Eplorazioni n.2
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Kitty ball gag
Esplorazioni n.4
Esplorazioni n.5
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
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Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
Kitty die Kätzchen
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