PANDEMONIUM

Pandemonium

Green (p)Ass Pandemonium (2020)

GREEN FUCK
Green fuck 100x70 cm.

En 2020 en Italia hubo una gran mortandad.
Casi echábamos de menos a Bettino Craxi,
era como estar en el Achille Lauro (el crucero).
Botes coronados de peras y conos de prohibición por todas partes.
Marx (Groucho) y el Sputnik, Bic Gates (Bic, el bolígrafo) y el elefante superdotado de Pfizer
jugaron durante meses con el ábaco, mientras nosotros soñábamos con dormir.
Y yo solo quería que quedara el recuerdo de todo esto,
que la vida aquí puede ser más surreal que un cuadro.
En imperecedera memoria del juego infinito al que jugaremos para siempre.

PANDEMÓNIUM CORRO-CORRO CIENTIFICISTA
(Canción para Sanremo 2021, descartada por el pávido, popular y patético intérprete cuyo nombre callaremos, que ignoraba que la verdadera vida es la que viven los valientes, mientras él malvivía cobardeando largamente pero con bien poco provecho)

Manadas de Burioni resplandecientes
por las calles desiertas
secándose en las callejuelas
fundas nórdicas Bassetti rasgadas
El dos de noviembre, la noche de Todos los Crisanti (crisantemos)
los fieles rezaban a Pregliasco
Ninguna Speranza (esperanza)
para aquellos pobres ñoquis
aplastados con el Mattarella (el rodillo)

Green pass, Green grass, Green ass
Y mañana, para todos, el bypass
(Estribillo)

ACTUALIZACIONES 2025 (5 años después)
El gobierno ha aprobado un nuevo plan pandémico que reconoce el uso de las vacunas pero no como único instrumento de contención, y prevé en algunos casos restricciones a la libertad personal solo ante una "pandemia de carácter excepcional", pero sin recurrir a los Dpcm (decretos del presidente del Consejo).
"Se excluye —se lee— el uso de actos administrativos para la adopción de toda medida que pueda ser coercitiva de la libertad personal o compresiva de los derechos civiles y sociales. Solo mediante leyes o actos con fuerza de ley y respetando los principios constitucionales pueden preverse medidas temporales, extraordinarias y excepcionales".
Por más que esté escrito en jerga política, y se trate de una elección de compromiso entre las distintas almas del actual gobierno, el nuevo plan pandémico reconoce, al menos de palabra, la libertad de tratamiento y las libertades personales consagradas en nuestra constitución, incluso en caso de eventos como los de 2020.
Implícitamente admite, por tanto, que durante la crisis del covid estas libertades fueron injustamente violadas.
El nuevo plan demuestra cómo las definiciones de derecha e izquierda, que tuvieron un significado preciso durante todo el siglo XX, ya no son aplicables en el nuevo milenio.
https://www.rainews.it/articoli/2025/02/il-nuovo-piano-pandemico-restrizioni-alla-liberta-solo-con-le-leggi-no-dpcm-891efdb2-3a89-458e-b81d-14cf5d1301ad.html

La información sobre los potenciales daños de las vacunas, las opiniones distintas de las gubernamentales y los datos reales de la pandemia fueron censurados en Estados Unidos por el gobierno de los Demócratas.
El CEO de Meta —Mark Zuckerberg— declaró haber sido «sometido a presiones» por el gobierno de Estados Unidos para que censurara los contenidos relativos al coronavirus durante la pandemia.
https://www.corriere.it/tecnologia/24_agosto_27/l-ammissione-di-zuckerberg-pressioni-dall-amministrazione-biden-per-censurare-i-contenuti-sul-covid-su-facebook-e-instagram-8b136adb-9de1-4977-9e7f-cf39212bdxlk.shtml

A pesar de las nuevas evidencias, ninguno de los responsables de la gestión de la pandemia en 2020 ha sido procesado ni se ha sentido en el deber de disculparse: ningún político, ningún científico, ningún intelectual, pero tampoco ninguna persona común que se transformó en gendarme del poder plegándose a reglas absurdas y dejándose tratar como cobaya.
Los medios italianos siguen difundiendo desinformación obtusa y fake news sobre las causas de la pandemia, sobre el número de muertos y sobre la utilidad y los efectos adversos de la vacuna.
La población mundial fue obligada a vacunarse con una vacuna experimental que no impidió a los vacunados enfermar y que causó efectos adversos, algunos graves, en ciertas personas, y cuyos efectos a largo plazo no podemos conocer.
L. Motolese

"Premisa obligatoria. Soy profesor universitario. Enseño filología en Bolonia, en la más antigua universidad del mundo occidental. Soy el coordinador de un doctorado de investigación en la misma Universidad. Dirijo tres revistas científicas internacionales clasificadas en clase A por la ANVUR (la Agencia Nacional de Evaluación del Sistema Universitario y de la Investigación del Ministerio de Educación, Universidad e Investigación).
He formado y formo parte de comisiones de evaluación ministerial. Soy el responsable de cuatro proyectos interuniversitarios internacionales —uno con el patrocinio de la UNESCO— que implican, además de a mi Universidad, a las de Bonn, Londres, Los Ángeles, Toronto, Calgary, Valencia, Estambul, El Cairo, Brest (Bretaña), Blida (Argelia), Shahid Beheshti (Teherán), Rabat (Marruecos).
Coordino, junto con otros colegas, centros internacionales de investigación y proyectos de cooperación entre la universidad y el mundo extrauniversitario. He participado por invitación en unos 300 congresos científicos internacionales, y he sido ponente plenario (keynote speaker) en 15 de ellos. Soy el director de algunas colecciones académicas, entre ellas una vinculada al centro de las Medical Humanities de la Universidad de Bolonia, del que soy miembro.
Formo parte del comité editorial de varias revistas y colecciones científicas en Italia y en el extranjero. Tengo en mi haber unas 700 publicaciones científicas. En resumen: cuando hablo de universidad no lo hago como un periodista que se ha informado, bien o mal, sobre los hechos, sino que hablo desde dentro, conociendo aquello de lo que hablo.
En marzo de 2020, cuando todo lo que estamos viviendo comenzó, expresé públicamente algunas dudas sobre la narración unívoca de la pandemia, recibiendo como consecuencia —además de diversas muestras de agradecimiento y de solidaridad— insultos, amenazas y también advertencias por parte de colegas más poderosos. Con cadencia más o menos regular, en los últimos meses, he seguido diciendo lo que pienso respecto de la dictadura cientocrática en marcha, defendiendo —con conciencia— una idea de la ciencia como arte de la duda y del contraste.
El autoritarismo político crecido en el seno de la narración pandémica ha empeorado entretanto, como estaba previsto, con una situación que se ha precipitado en contra de toda garantía constitucional, con la total complicidad de toda forma residual de las oposiciones en las posdemocracias del Occidente en descomposición, y con una lobotomización ya generalizada de los ciudadanos, vueltos entretanto también agresivos, intolerantes, enjuiciadores.
Generalmente, en situaciones semejantes, quienes tratan de salvar algo encarnando un punto de vista alternativo son los llamados "intelectuales", o son las fuerzas del pensamiento creativo. Nada de esto: incluso los exrebeldes que hicieron su fortuna anunciando que romperían el mundo para defender las libertades (aquí, en Italia, me viene a la mente el coterráneo apenínico Vasco Rossi, pero entre los menores destacan exrebeldes como el omnipresente Cisco —Stefano Bellotti— y toda la caterva de quienes, menos conocidos que él, siguen cantando contra el sistema atiborrados de conceptos de segunda mano sobre partisanismo y Resistencia) se han mostrado inermes, incapaces, toscos.
Personajes domesticados y definitivamente sórdidos que se han prestado incluso para anuncios gubernamentales sobre cómo llevar las mascarillas y cómo salvar al país con comportamientos virtuosos: Fedez, otros raperos más underground que debían encabezar la revuelta, y los epígonos de los epígonos (la única excepción con la que me topé: el siempre lúcido y subversivo Giorgio Canali).
(Cito ahora con gusto al monumental Eric Clapton, bajo ataque mediático precisamente en estas horas por el tema anti-lockdown Stand and Deliver, firmado por Van Morrison: una pieza publicada en línea justo mientras este artículo mío ya estaba en publicación).
¿Los demás? Más celosos que el celo, más felpudos que el concepto de felpudo. Ni siquiera recuerdo los nombres (aparte de los de siempre, entre los miles de esos à la page que se dan codazos por emerger en sus competiciones de esnobismo nacional-popular: Michele Serra, Severgnini, Gramellini, Daria Bignardi).
Pero vengo a la Universidad. Donde hay que registrar, por las expectativas que se podrían haber tenido, el punto neurálgico del decaimiento. Los Departamentos del Alma Mater/Universidad de Bolonia, donde yo trabajo, parecen hoy pabellones aislados de Alcatraz o San Quintín. Fuera todas las sillas. Seguir el flujo indicado por las flechas. Desinfectarse. Llevar siempre las mascarillas. Prohibido conversar. Bibliotecas inaccesibles. Monitorización de los buenos comportamientos. Invitación a denunciar comportamientos no acordes. Código QR en cada puerta que se cruza. Estoy hablando de la Universidad, de la sede del libre pensamiento.
Leí con atención a Agamben, hace unos meses, cuando comparaba a los universitarios que aceptamos estas limitaciones desproporcionadas con aquellos (el 99 por ciento) que no se negaron a adherirse al Fascismo hace cien años. Lo leí y me puso en crisis. Pienso como él. He hablado con algunos colegas de la posibilidad de dimitir, he argumentado las razones para negarnos a tomar parte en este destrozo. Me han disuadido, fundamentalmente por amistad. Se lo he comentado a mis estudiantes del primer semestre del curso académico 2020-2021. Les he dicho, sin rodeos y desde la primera clase, que quien les hablaba delante de aquella pantalla era un cobarde (todas mis clases están grabadas y son accesibles).
Confieso que soy un cobarde. Pienso que quien tiene una vaga conciencia de la desproporción de las medidas adoptadas debería negarse a ser parte de este destrozo. Yo digo lo que pienso en los Consejos de Departamento y de Carrera. Siempre he dicho lo que pienso. Algunos colegas y algunas colegas me escriben en privado para confesar que piensan como yo. Pero cuando se trata de decidir (docencia mixta, docencia a distancia, medidas de este o aquel tipo) no intervienen nunca. Como si dijeran que expresar una opinión, ejercer el primer derecho que debería gobernar el pensamiento universitario —el de la disidencia consciente— debe corresponder siempre y solo a alguien.
¿Escupo en el plato en el que como? Sí. Es justamente así, porque no he tenido la fuerza de dimitir. He conocido este año mi verdadera cobardía. Me he descubierto sin otras fuerzas que las, ineficaces, de reafirmar principios, de conceder entrevistas, de escribir sobre el tema, de expresar mi punto de vista con los estudiantes y las estudiantes. De no decirles nunca lo que me dicen que les diga. Estoy decepcionado de mí mismo. Y estoy decepcionado de los Rectores, de los Directores de Departamento, de los colegas y las colegas, que habrían tenido una oportunidad histórica para reafirmar los principios de la autonomía del pensamiento crítico. O al menos para discutir. Y que, en cambio, son todos cómplices. Todos traidores. Yo más que ellos, porque siento de manera distinta a ellos y me alineo fatalmente con lo que se decide.
En Bolonia, y también en otras partes, estábamos en la plaza gritando ante las cámaras "¡Libertad! ¡Libertad!" por nuestro estudiante Patrick Zaki —¡que algún dios te proteja, valiente muchacho!— y hemos estado todos callados y cómplices, en los mismos días, ante el horror mononarrativo de la pandemia. Quienes organizaron y promovieron desde arriba las manifestaciones de nosotros los académicos para hacernos portavoces de la defensa de la libertad de pensamiento son los mismos que censuraron mis palabras, en sitios abiertos al presunto debate de la Universidad, no permitiendo que mi libertad de pensamiento se expresara.
La Universidad no se levantará de este desastre. A corto y medio plazo, las estrategias falso-emergenciales puestas en marcha (desde los millones de euros gastados en los patéticos platós cinematográficos ahora presentes en nuestras aulas, que naturalmente no se desmantelarán tras la presunta emergencia, hasta el potenciamiento de la tecnología para la docencia a distancia) quedarán como una medalla de la eficiencia académica e institucional, incluida la falsa docencia presencial que al final parece, inquietantemente, solo un subterfugio puesto en marcha para no reducir las tasas de los matriculados; pero a largo plazo el juicio sobre esta sumisión acrítica a los dictados ministeriales-sanitarios pesará como un juicio sin escapatoria.
Yo, en mi pequeñez, he fracasado y me siento un fracasado. Me he traicionado a mí mismo y a mis principios. Y he traicionado a los estudiantes y a las estudiantes a quienes, en lugar de explicarles lo que pienso y de iniciar debates durante mis clases para discutir de modo crítico sobre estos temas, debería más sencillamente haber dado el ejemplo concreto y sin malentendidos de una persona que se marcha.
Esta confesión mía de cobardía va dirigida especialmente a ellos. No he sido lo que enseñé, no soy lo que enseño. He perdido todo derecho a dirigirme a ellos con las palabras de Enrique V en Azincourt: "We few, we happy few, we band of brothers". No he conseguido negociar nada, muchachos. No he incitado a la batalla en el día de San Crispín. Sed vosotros mejores de como os he parecido y de como os parezco en estos meses.
Quién sabe, quizá logre sorprenderos algún día de otras maneras. Pero será solo un pequeño rescate frente a lo que hoy no he sido capaz de ser."
Francesco Benozzo
https://comedonchisciotte.org/il-tradimento-degli-intellettuali-2/

GREEN ASSGREEN ASS
GREEN FAST&FURIOUSGREEN FAST&FURIOUS
GREEN BYPASSGREEN BYPASS
GREEN GRASSGREEN GRASS
PANDEMONIUM 2020 - Técnica mixta sobre papel 200 x 100 cm.PANDEMONIUM 2020 - Técnica mixta sobre papel 200 x 100 cm.

Tras meses de partes de guerra, veamos por fin algunos números circunstanciados y comparados relativos al covid-19.
El ISTAT publicó, con fecha 22 de octubre de 2020, los datos relativos a los fallecimientos por todas las causas de muerte en el periodo enero-agosto de 2020. (https://www.istat.it/it/files//2020/03/nota-decessi-22-ottobre2020.pdf).
La tabla 3 indica las variaciones porcentuales respecto de la media 2015-2019, repartidas por regiones y por meses.
En ella resulta que en Italia los fallecimientos en el periodo enero-agosto aumentaron un 8,6 %, un dato, de por sí, muy por debajo de lo que cabría esperar de una pandemia...
Solo desagregando los datos por región y mes se empieza a comprender lo que ocurrió realmente. En efecto, en las regiones del Norte el aumento fue del 19,5 %, mientras que en el Centro y en el Sur se asiste incluso a una disminución, respectivamente -0,2 % y -1,1 %, lo que explica la media nacional del 8,6 %.
Desagregando el dato del Norte en el mes de marzo, el aumento fue del 93,9 %, es decir, murió el doble de personas respecto del cuatrienio; y en Lombardía el aumento fue del 191,2 %. Obviamente, en Bérgamo y otros municipios el pico es sin duda superior.
Me detengo aquí con los números. Así pues, en esencia, esta gripe por coronavirus, denominada SARS-covid19, fue ciertamente más virulenta que aquellas, sin nombre pero al fin y al cabo gripes, del cuatrienio 2015-2019, pero no es la Peste Negra ni la Gripe Española.
El terrorismo mediático desatado y sostenido todavía hoy no está, por tanto, respaldado por datos reales, sino que es ciertamente funcional a una clase política, nacional y regional, sin distinción de bandos, que en los últimos 30 años ha destrozado literalmente el sistema sanitario territorial, allí donde los médicos de cabecera pasan gran parte del tiempo cargando datos en los ordenadores.
Y son ellos quienes habrían podido y debido tratar en casa a sus pacientes, a quienes conocen individualmente, lo que habría permitido no colapsar los hospitales y habría reducido aún más los fallecimientos. Nunca ha ocurrido en la historia de la humanidad que se invitara a los médicos, de hecho casi se los obligara, a mantenerse alejados de los pacientes, hasta el punto de que quienes desobedecieron lo hicieron por su cuenta y riesgo. Así pues, esta emergencia es, sí, sanitaria, pero no por coronavirus, sino por causas mucho más remediables y por responsabilidades políticas muy precisas que se tiende a ocultar.
Ahora, después de más de seis meses, descubrimos que no se ha hecho nada para remediar esta situación, ni para la medicina de territorio ni para los transportes. El Gobierno saca casi a diario los tristemente célebres Decretos Administrativos que deberían avergonzar a un Estado que se dice democrático, con medidas en gran parte inútiles y también absurdas y dañinas, desautorizando al Parlamento, que por lo demás se deja desautorizar de buena gana.
Nadie responde a las preguntas razonables ni siquiera de aquella tabla del ISTAT: ¿por qué en el Norte? ¿Por qué en Lombardía, donde la sanidad era, según los señores, una "excelencia"? ¿Quizá porque precisamente en aquellas zonas la contaminación ambiental y tecnológica es también "excelente"? ¿Y por qué se sigue destruyendo la escuela cuando se sabe bien que los niños y los jóvenes no enferman?
Si los docentes quieren protegerse pueden hacerlo, pero ¿por qué distanciar a los jóvenes y a los niños? ¿Quizá para dar un impulso a la tan esperada docencia a distancia, todos distanciados y con auriculares siguiendo algoritmos perfectos?
Así pues, los verdaderos objetivos salen a flote, y el gran "reset", del que ya se habla abiertamente sin pudor, nos entregará un país y un mundo en el que el miedo, el control, la pobreza, la homogeneidad de los comportamientos y de los pensamientos, lo virtual en lugar de lo real, y demás, se convertirán en la norma.
Como desde 2001 nos parece normal, y no debería, un mundo con millones de cámaras y sensores, aeropuertos blindados, militares en las calles, así debería parecernos normal salir enmascarados y distanciados, conectados virtualmente; un mundo en el que un Presidente del Consejo (no existen "Premier" en nuestro ordenamiento) se transforma de abogado en padre espiritual y asistente de la salud del ciudadano-súbdito, tan necesitado de ser guiado, y los Presidentes de Región (no existen "Gobernadores") en sheriffs con la estrella. Pues bien, al menos de estos paternalismos hipócritas y lastimeros prescindiríamos de buena gana.
Sergio Motolese
http://www.altritasti.it/index.php/archivio/diritti-sociali/4565-covid-19-numeri-e-realta

Por lo que respecta a algunos aspectos, la vida humana cambia con el paso del tiempo, pero ciertos matices de fondo permanecen invariados incluso durante largos periodos. En la Edad Media, por ejemplo, estaba difundido un miedo que hoy se considera una oscura superstición, y era el miedo a los fantasmas, a los espectros, a los seres elementales de todo tipo. Hoy se ve como superstición medieval. La época actual [¡1914!], sin embargo, ha cambiado el objeto, pero no el miedo: la época actual teme a los espectros como en la Edad Media; se temen los fantasmas representados hoy por los llamados bacilos y por los demás seres de ese tipo. Hay que reconocer, por otra parte, que los fantasmas de otro tiempo eran más dignos, se les podía tener miedo, respecto de los seres que hoy llamamos bacilos y similares. Un solo aspecto ha cambiado realmente: cuando la mentalidad de los hombres era más espiritual, se temían seres elementales espirituales; hoy es más materialista y los fantasmas deben ser físicos. Encaja mejor con la época del materialismo.
El miedo medieval a los fantasmas y el moderno miedo a los bacilos
(Rudolf Steiner - 9/5/1914: de O. O. 261)


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