GIANTS

Giants

El retorno de los gigantes camino del Ragnarök (2007)

Estamos sobre los hombros de niños y mujeres gigantes, Nefilim que se han rebelado contra el orden establecido, ocultos durante milenios bajo el Etna, responsables de innumerables desastres naturales debidos a su inmensa soberbia; ahora han vuelto a la luz del sol para indicarnos el camino hacia el Ragnarök.
Aquellos que crearon las islas y las montañas, que edificaron inmensas construcciones y que desafiaron abiertamente la autoridad de Dios, están ahora entre nosotros.
Introducción a la exposición "Sulle spalle dei giganti" (Sobre los hombros de los gigantes) 2007

THE DAUGHTER OF POSEIDONTHE DAUGHTER OF POSEIDON Pastel sobre papel 45 x 25 cm. Akira Zakamoto

La infancia vive dentro y al lado de cada uno de nosotros, a pesar de ser una dimensión, la única, de la que todos estamos, irremediablemente, excluidos.
Es un universo multiforme, fascinante, pero al mismo tiempo ignoto y misterioso. Solicita desde hace siglos la atención y la creatividad de filósofos, poetas, escritores y artistas; es un viaje a rebours al que pocos han sabido resistirse, y que cada uno de nosotros, de formas distintas, al menos una vez en la vida ha intentado emprender.
Quizá porque representa, al mismo tiempo, nuestro pasado y un posible futuro nuestro. Fascinante, sin duda. Inquietante, sin duda. La realidad es que la infancia, mirada desde lejos, se tiñe siempre de un sentimiento de intensa melancolía, porque es el mundo perdido, y representa sobre todo un modo de sentir, ver, tocar, único e irrepetible, del que la edad adulta ha perdido el conocimiento directo.
De los niños envidiamos el asombro con que miran las cosas, con que tratan de indagar el misterio de la vida. ¿Ingenuos? No, todo lo contrario. Y las telas de Zakamoto nos lo demuestran. Olvidémonos de las cabezas rubias y de las formas deliciosas de los amorcillos. Los niños de Akira son verdaderos gigantes —no solo en la estatura—, depositarios y portadores de una sabiduría antigua y al mismo tiempo aún en devenir.
Y he aquí, pues, que nosotros los adultos somos los enanos sobre los hombros de estos niños-gigantes, y encaramados sobre ellos tenemos la posibilidad de mirar más allá. Más allá de lo visible, más allá de lo tangible. Más allá de todo lo que nos ata, y obliga, al presente. No nos dejemos, sin embargo, engañar por las telas de Zakamoto.
Porque, a pesar de su esencialidad constructiva, son portadoras de mensajes no inmediata ni fácilmente descifrables. Y por esencialidad entiendo el equilibrio limpio y lineal que domina cada una de sus páginas pictóricas. Observando una obra suya no tardamos en darnos cuenta de que todo está exactamente en el lugar justo, de que no hay nada de más ni que perturbe la vista, no existen descriptivismos inútiles y superfluos destinados solo a llenar el espacio.
Ausencias y presencias están dosificadas sabiamente por la mano de un artista al que, a mi juicio, no le interesa gustar a toda costa. Akira ha asimilado la historia del arte del siglo XX y, al mismo tiempo, parece haber hecho tabla rasa de ella. Sus obras no tienen un pasado —y por tanto es inútil buscar citas y conexiones con él—, pero tienen un presente que vive y grita prepotente en cada detalle.
Consideremos, pues, a Zakamoto como un pintor realista de nuestros tiempos, que no grita su denuncia hacia la sociedad contemporánea, sino que la sublima y, sublimándola, indirectamente la condena. Subvierte el mundo que conocemos, cambiando las relaciones de fuerza entre las cosas: nos lleva de la mano a un mundo liliputiense en el que las casas se vuelven de repente pequeñas y los niños unos gigantes que, no por casualidad, casi siempre nos dan la espalda.
Nos lleva a una playa en la que un grupo de mujeres maduras es dominado por la figura gigante de una niña vestida con la bandera china que emerge del mar y corre veloz hacia la orilla: he aquí la sublimación de la realidad, que asume, no obstante, los contornos de un aviso y de una advertencia sobre lo que el futuro nos podrá reservar. Pero el suyo es también el mundo en el que Agnese mágicamente se pierde entre las nubes, en el que Matteo —niño y héroe al mismo tiempo— es un Superman que descansa de la fatiga de sostenernos sobre los hombros.
El suyo es el mundo que podemos ver a través de la mirada del niño que, esperanzado y con la bolsa de la merienda en la mano, comienza su primer día en el futuro. Y es un mundo que, a pesar de todo, nos llena de esperanza y nos gusta.

Stefania Bison - Sulle spalle dei giganti (Sobre los hombros de los gigantes)

Como en un sueño
el viento me despeinaba
moviendo las nubes en el cielo
pintado
La tempestad de mi niñez
Jugaba con todo mi ser
empeñado en vencer
pero sin objetivo
y sin vergüenza
ignorando la existencia del amor.
El juego perdido en el tiempo
vuelve a buscarme aún
como en un sueño
¿Dónde encontré el amor?
En una playa pintada
entre las altas torres inaccesibles
donde cultivaba higos chumbos
Páginas arrancadas de libros de poesía
ante un mar indescriptible
un atardecer verde y amarillo
Mar adentro los bustos de los gigantes
venían a nuestro encuentro

Akira Zakamoto. Polo industrial de Porto Marghera. Es emblemático el escenario elegido por el pintor turinés para las telas realizadas para esta exposición. Una elección no casual —cargada de significados profundos— que deja bien poco espacio a dudas interpretativas. El nacimiento y el desarrollo de Porto Marghera se remontan a 1917, cuando el empresario veneciano Volpi obtuvo del ministerio de obras públicas la gestión financiera del proyecto para la realización del puerto industrial.
En el plazo de cincuenta años la zona industrial se triplica y, de una producción vinculada a la construcción naval, se convierte en centro impulsor del sector petroquímico. El boom económico incrementa la producción y, junto con ella, se multiplican los problemas relativos a la contaminación atmosférica, de las aguas lagunares, y las serias y documentadas consecuencias sobre la salud de los trabajadores. Teatro de grandes fusiones empresariales, batallas y protestas sindicales, con la crisis del sector petroquímico Marghera empieza a replegarse de nuevo sobre sí misma.
Progresivamente las fábricas van siendo abandonadas, a la espera de un proyecto de recualificación y saneamiento de la zona. Y es precisamente en este momento cuando, bajo cielos plomizos saturados de contaminación y detrás de amenazadoras columnas de humo, llegan a grandes pasos los niños de Zakamoto. Olvidémonos de los amorcillos rubios de la iconografía del pasado, porque los de Akira no son niños cualquiera. Son gigantes, y no solo en la estatura, que con su mirada ora severa ora amenazadora destruyen chimeneas y esqueletos de fábricas.
Y, mirándonos directamente a la cara, nos acusan. Difícil volverse hacia otro lado para evitar sus ojos, porque frente a ellos todos somos responsables del estrago ambiental y social que a lo largo de un siglo hemos logrado crear. Son interesantes, además de inéditas, las modalidades iconográficas elegidas por el artista para abordar la temática del trabajo. En estas páginas pictóricas este último es evocado exclusivamente por los edificios que a lo largo de un siglo lo han albergado, así como la presencia de los obreros está sobreentendida pero nunca explicitada.
También en este contexto Zakamoto se confirma como un pintor realista que, sin embargo, no respeta deliberadamente los cánones de este género de pintura. Akira no grita abiertamente su denuncia hacia la sociedad contemporánea, sino que la sublima y, sublimándola, indirectamente la condena. Son obras de fuerte e inmediato impacto visual, en las que los tonos oscuros y ásperos juegan de feliz contrapunto cromático con los rojos de las camisetas de los niños, que remiten significativamente a las chapas de las fábricas.
Observando estas telas suyas nos damos cuenta de que todo está exactamente en el lugar justo, no hay nada de más ni que perturbe la vista, ningún descriptivismo superfluo destinado solo a guiñar el ojo al observador y llenar el espacio. Como siempre, el artista logra dosificar con sabiduría las ausencias y las presencias, cargándolas de significado. Pero probemos ahora a cambiar de punto de vista y miremos estas composiciones pictóricas desde un ángulo distinto.
Nos damos cuenta de que en realidad nada está completamente concluido y de que existe un resquicio de esperanza: los cielos densos y cenicientos dejan espacio a retazos de azul que abren la visión a un futuro que puede y debe ser diferente. Si Zakamoto no hubiera querido conceder, y concedernos, una posibilidad de rescate, habría dejado que hablaran solo los perfiles de los edificios industriales. Pero aquí los verdaderos protagonistas son los niños que, por definición, son la promesa y la esperanza del futuro. Son ellos quienes, destruyendo sin piedad el pasado, nos ofrecen la posibilidad de construir los cimientos para un mañana distinto y mejor.
Así pues, Porto Marghera no es otra cosa que el emblema de un siglo que ha cambiado radicalmente la economía y la sociedad, pisoteando a menudo los derechos del hombre y las individualidades singulares. El niño que nos mira con una sonrisa burlona en la obra El fin del trabajo es, en realidad, el punto de partida desde el que volver a empezar. Porque todo final presupone siempre un nuevo comienzo.

Stefania Bison - Dalle ceneri del passato le risorse del futuro (De las cenizas del pasado, los recursos del futuro)

CHLOE THE CREATORCHLOE THE CREATOR Esmalte sobre lienzo 20 x 40 cm. Akira Zakamoto

LA FÁBRICA DE LOS SUEÑOS - MURAL 2000 x 300 cm.LA FÁBRICA DE LOS SUEÑOS - MURAL 2000 x 300 cm.

Una pintura mural de 54 metros realizada en una semana por tres artistas, Ciro Palumbo, Luca Motolese y Alessandra Carloni, reunidos bajo el seudónimo "Prometeo".
Es la que colorea los muros exteriores de la Olon, histórica planta industrial de Settimo, en el área de Via Schiapparelli en Settimo Torinese.
La obra, que ganó la convocatoria de la Fondazione Esperienze di Cultura Metropolitana a través del proyecto de Ecomuseo del Freidano/Ecotempo, se inscribe entre las acciones propuestas por la Ciudad de Settimo Torinese para la regeneración urbana de las áreas industriales, en el marco de la convocatoria de la Compagnia San Paolo denominada "Cittadino albero. Spazio pubblico, spazio verde, spazio sociale".

Represento enormes niños y bellísimas mujeres que surcan los mares y superan montañas, con en los ojos la conciencia de ser el nuevo género humano, gigantes que regresan observando desde lo alto a los viejos enanos asustados.

HURRICANE Pastel sobre papel 80x80 cm. Akira ZakamotoHURRICANE Pastel sobre papel 80x80 cm. Akira Zakamoto
GATEWAY Boceto al óleo sobre papel 35x25 cm. Akira ZakamotoGATEWAY Boceto al óleo sobre papel 35x25 cm. Akira Zakamoto
THE MOUNTAIN GODDES Óleo sobre lienzo 100x150 cm. A. ZakamotoTHE MOUNTAIN GODDES Óleo sobre lienzo 100x150 cm. A. Zakamoto
NOTTURNO Akira Zakamoto
TORRE LITTORIAIL DITO DEL DUCE Akira Zakamoto
CAMERA DI COMMERCIO Akira Zakamoto
BEAUTIFUL INVASIONS Akira Zakamoto
FAMILY NAKED Akira Zakamoto
CHLOE THE CREATOR Akira Zakamoto
CREATOR Akira Zakamoto
DOPPELGANGER Akira Zakamoto
IL FUTURO CI INVADE Akira Zakamoto
GIANTS Akira Zakamoto
GIANTS Akira Zakamoto
GIANTS Akira Zakamoto
LA PALAZZINA AZZURRA Akira Zakamoto
THE HEART WARRIOR Akira Zakamoto
VILLAGE OF THE DAMNED Akira Zakamoto
LORENZO THE MAGNIFICENT Akira Zakamoto
LORENZO THE MAGNIFICENT 2 Akira Zakamoto
THE DAUGHTER OF POSEIDON Akira Zakamoto
ON THE SHOULDERS OF GIANTS Akira Zakamoto
B.ART ARTE IN BARRIERA Akira Zakamoto
CAMERETTA DI COMMERCIO Akira Zakamoto
POSTE E TELECOMUNICAZIONI Akira Zakamoto
STOP THE PIGEON Akira Zakamoto
MILO Akira Zakamoto
LA FABBRICA DEI SOGNI Akira Zakamoto
RINASCITA COSMICA Akira Zakamoto
ALBA DEI GIGANTI Akira Zakamoto